Ni derecha ni izquierda

Fecha: 21-09-2009 11:30 PM

Por: William Requejo Orobio
En la mayoría de los países de América Latina, en las últimas décadas, han crecido la violencia y la delincuencia, en especial en los centros urbanos, sin que los gobiernos nacionales y locales hayan podido enfrentar de manera adecuada estas problemáticas que afectan el bienestar de los ciudadanos y la competitividad económica de los países y de las ciudades.
 
 
Cuando se creía que con la finalización de la "Guerra Fría", que privilegiaba la seguridad nacional, se pasaría a concentrar los esfuerzos hacia la seguridad de los ciudadanos, los gobiernos no han logrado avanzar en esta línea y se han quedado en los modelos tradicionales de represión del delito. Ni la tradicional derecha, ni los nuevos gobiernos democráticos de centro e izquierda han podido desarrollar políticas públicas integrales que den cuenta de la creciente violencia y delincuencia.
 
 
Los modelos actuales se mueven entre dos extremos, entre la derecha que privilegia la mano dura y la izquierda que considera que la seguridad es represión y que la violencia y la delincuencia tienen su origen en las condiciones de pobreza y que mientras no se acabe con esta situación es muy difícil reducir estas problemáticas. Esta última visión también la comparten algunos gobiernos democráticos de centro, quienes, para no comprometerse con el tema, han dejado la seguridad de los ciudadanos en manos de las instituciones armadas y de justicia y de manera aislada y con poco impacto trabajan algunas políticas preventivas.
 
 
Tanto unos como otros se han equivocado y los resultados saltan a la vista con el incremento de la inseguridad en la mayoría de los países y ciudades de América Latina, especialmente donde han gobernado la derecha y la izquierda, sin que existan políticas integrales que involucren programas y proyectos preventivos y de represión del delito. Se siguen equivocando los gobiernos que todavía creen que con solo "mano dura" o con políticas de reducción de la pobreza o solo programas preventivos pueden enfrentar los problemas de violencia y delincuencia. Está probado, a nivel municipal, que integrando la prevención con la represión, en el marco del Estado de Derecho, es posible tener buenos resultados en materia de seguridad ciudadana.
 
 
Desafortunadamente, la derecha y algunos gobiernos de centro siguen enfrentando los nuevos retos de la seguridad ciudadana, que van desde la delincuencia común hasta la delincuencia organizada y trasnacional, con la tradicional trilogía policía, justicia, cárcel y en algunos casos utilizando de manera inadecuada e ilegal a las fuerzas militares. Por otro lado, los nuevos gobiernos de izquierda privilegian las acciones preventivas, dejando de lado la gestión y administración de las instituciones de seguridad y justicia, instituciones que tradicionalmente las han visto como "represores del sistema"; una herencia de la "Guerra Fría" en donde gobernantes de izquierda e instituciones de seguridad y justicia todavía no se tienen confianza.
 
 
Se puede asegurar hoy que ningún gobierno nacional de América Latina tiene políticas públicas integrales de seguridad ciudadana y que en la mayoría de los casos gestionan este tema de manera tradicional en el inadecuado marco de la seguridad nacional, donde los organismos de seguridad y justicia son los que deciden qué hacer, sin la participación de las autoridades municipales.
 
 
Hacia el futuro, los gobiernos democráticos de izquierda, derecha y centro, nacionales y municipales, si quieren obtener resultados en este campo y reconocimiento político por su labor, deben comprender que la gestión de la seguridad requiere de una política integral, que independientemente de las ideologías haga compatible la prevención con la represión del delito, la "zanahoria" con el "garrote", para enfrentar los crecientes problemas de violencia y delincuencia. La seguridad no es ni de derecha, ni de izquierda; es un derecho ciudadano que deben garantizar los gobiernos, independientemente de las ideologías.
 
Hugo Acero Velásquez Columnista de El Tiempo. Bogota. Colombia
 
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William Requejo Orobio