Infancia trabajadora está invisible

Fecha: 21-09-2009 11:30 PM

Por: William Requejo Orobio
Wendy no ha podido llevar una vida tranquila, con los problemas típicos de una adolescente de 15 años. No ha podido tener éxito en los estudios, por lo que se quedó en octavo grado. Tampoco tuvo licencia para pedirle algo al Niño Jesús, y ahora la enfermedad de su mamá la obliga a trabajar en el mercado formal, y así mantener a su familia. El único lujo que se permite es el de soñar con ser médico forense, aunque sabe que sin estudios nunca lo logrará.
 
 
Ella es uno de los trece mil niños y adolescentes que trabajan con permiso registrado por los Consejos de Protección del Area Metropolitana, número que a juicio de la psiquiátra Nancy Montero se puede triplicar en el mercado informal; pero ésta es un cifra negra, porque "no hay cómo llevar una estadística confiable".
 
Según la Organización Internacional del Trabajo, en Venezuela existen más de tres millones de niños, niñas y adolescentes que trabajan tanto en el mercado laboral como en el informal.
 
 
Montero señala que las condiciones de pobreza y la falta de estímulo al estudio llevan a que cada día haya más adolescentes que busquen ingresos propios. Pero destaca que el problema más grave se presenta en los barrios caraqueños, donde los niños cumplen la figura de "mandaderos" y reciben dinero por realizar labores como la carga de materiales de construcción, bolsas de comida y otros objetos pesados que van en detrimento de su crecimiento físico.
 
 
Eliana Quintero, socióloga, señala que el problema ha sido invisibilizado tanto para la opinión pública como para las autoridades; porque estos trabajos no los ve nadie; y peor aún se han naturalizado. "Para muchos padres es mejor que el muchacho trabaje a que esté realengo en la calle. Lo que la gente no entiende es que se le viola el derecho a la recreación, al esparcimiento y al estudio".
 
 
Asegura Quintero que no es lo mismo cuando un adolescente busca trabajar en tiempo de vacaciones, que cuando deja los estudios para emplearse.
 
 
En el Consejo de Protección del Municipio Libertador la cifra se ha triplicado en los últimos tres años. En el 2005 se recibieron 2.917 solicitudes de adolescentes para trabajar en el mercado formal, en el 2006 la cifra llegó a 6.041 y en los nueve meses que han transcurrido del año ya han solicitado permisos 9.561. En Sucre unos 745 adolescentes han solicitado permiso para trabajar en los últimos tres meses, y totalizan unos dos mil solicitudes. En Chacao unos 44 en el año 2007 y en Baruta 95.
 
 
Sin opciones de crecer
 
Montero señala que el trabajo infantil crea un ciclo de pobreza, porque al iniciarse prematuramente, los pequeños están subcalificados y no optan a mejor formación. "Los buscan por ser mano de obra barata, pero a los 16 años no sirven y no están calificados para nada más".
 
Pero no sólo los números llaman la atención, sino el hecho de que el Ministerio del Trabajo, recientemente cerró la oficina de protección de Niños Trabajadores, Pronat, por lo que fue imposible conseguir información del Ministerio del porqué.
 
 
Programas de ayuda
 
En la ciudad existen planes de atención a niños trabajadores, como el programa Aris de la Red Don Bosco, donde los infantes son atendidos para ser reinsertados en el sistema escolar. Leonardo Rodríguez Angola, coordinador de proyecto, asegura que mensualmente atienden a unos 30 jóvenes que están en situación de calle.
 
"El problema se ha incrementado, porque los padres arrojan a sus hijos a trabajar en la calle con la creencia de que no les ocurrirá nada, pero la calle es un espacio de riesgo".
 
 
Si bien Venezuela no alcanza las cifras alarmantes de Colombia donde 1 de cada 5 niños trabaja, los expertos coinciden en que hay que estar alerta. Como lo afirmó el periodista uruguayo Horacio Knaeber y asesor de la Unicef: "si un país tiene a un solo niño trabajador, ya tiene un problema que resolver.
 
ELKIS BEJARANO DELGADO EL UNIVERSAL
 
 
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William Requejo orobio