Democracia Participativa ¿Mito o Realidad?

Fecha: 03-04-2010 11:30 PM

Por: William Requejo Orobio
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La Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, aprobada en 1999, destaca la participación como un derecho político y propone un modelo de estado y de gobierno participativo, descentralizado y garante de los derechos humanos en el sentido más amplio del término.

En su concepción, la democracia participativa surge como forma de democratizar el poder y promover la intervención de ciudadanos y ciudadanas en la formación de políticas, así como en la planificación y gestión de programas y servicios.

 

Con el propósito de promover la reflexión en torno a los avances experimentados por la democracia venezolana a nueve años de la aprobación del nuevo texto constitucional, las lecciones aprendidas y los caminos por recorrer en la difícil pero importante tarea de transformar a la ciudadanía en protagonista de su desarrollo individual y colectivo, la Unión Vecinal para la Participación Ciudadana, con el apoyo del Instituto Latinoamericano de Investigaciones Sociales (ILDIS) y la Asociación Civil Convite, organizaron el Foro titulado "Democracia Participativa: ¿Mito o realidad?".

Durante el evento más de cien cincuenta personas, entre vocero(a)s de los consejos Comunales, líderes vecinales, representantes de ONG y de movimientos estudiantiles, deliberaron sobre las principales interrogantes surgidas en torno a la experiencia participativa venezolana, tales como:

¿Está realmente la sociedad venezolana transitando hacia una democracia participativa y protagónica?, ¿se han alcanzado mayores niveles de equilibrio entre la sociedad civil y el Estado?; las características de nuestro liderazgo político, ¿son las necesarias para estimular la participación y el empoderamiento ciudadano?; ¿qué rol deben asumir la ciudadanía y los partidos políticos para profundizar una democracia que equilibre la participación y la representación?; ¿cuál es el papel que están llamados a cumplir lo(a)s ciudadano(a)s en los procesos electorales más allá del acto de votación?; ¿son los Consejos Comunales verdaderas instancias de participación y de promoción de valores y principios democráticos?; ¿cuáles son sus debilidades y cómo superarlas?

Liderazgo Democrático.

Desde esta perspectiva y como contribución a la vida sociopolítica del país, proponemos un liderazgo que básicamente se centra no en “un sujeto” sino en “el sujeto”. Se trata de un liderazgo centrado en la persona, es decir, en cada quien, para el logro de una ciudadanía justa y respetuosa que apoyándose en el esfuerzo personal nos facilite la estructuración de una vida democrática.
 

La democracia –que en el fondo no es más que un procedimiento que legitima la distribución del poder en la sociedad- requiere de la participación de los ciudadanos. Pero un ciudadano no es un habitante cualquiera es, bien mirado, un grado. Un ciudadano es una persona capaz de concebir y de priorizar otros intereses materiales que están más halla de sus intereses inmediatos, convirtiéndose en una persona que guiándose por el principio de la solidaridad, participa y coopera con el funcionamiento de su sociedad.

 

Para su funcionamiento la democracia necesita ciudadanos y no simple individuos. Razón por la cual necesitamos implementar un tipo de liderazgo más horizontal y mucho más plano que permita la estructuración y desarrollo de una comunidad en la que transcurra nuestra vida democrática.

Para llegar a establecer una sociedad democrática es esencial la transformación de los individuos en ciudadanos. Para ello es necesario dejara atrás un tipo de liderazgo que nos anula como individuos y que no permite el desarrollo de nuestras mejores capacidades para proyectarnos como ciudadanos en nuestro entorno social.

Nos interesa un liderazgo diferente a todo lo habido que posibilite una salida al problema de la pobreza y la desatención institucional de los derechos fundamentales de las personas. De ese modo podrían llegar a afirmarse en nuestra realidad individuos críticos y autónomos, activos y cooperantes, que deliberen a partir del principio de la tolerancia como una guía suprema de reconocimiento de lo que en nuestra realidad es diferente.


Desde estos espacios queremos promover el sentido de un nuevo liderazgo en el país. Insistimos, no se trata del liderazgo de una persona su maquinaria y sus seguidores. Se propone a cambio algo más contundente y seguro: el liderazgo de una cultura democrática centrada en el poder del ciudadano, la autonomía, el diálogo y la comunicación, el amor y el respeto por el mundo y, finalmente, el interés común.
 



 

Todos ellos elementos propiamente democráticos que asumidos como valores bien nos pueden guiar hoy en la realización de una vida en comuna entre los venezolanos. La sociedad que pueda brotar de ello, sin lugar a dudas, inspira confianza.
El poder del ciudadano.- dentro de esta concepción el poder es entendido como una relación y no como un atributo de los actores sociales. Tan sólo puede manifestarse mediante el inicio de una relación en el ámbito público en cumplimiento de un propósito en común.

 

El poder aparece allí donde los hombres se reúnen con el propósitos de realizar algo en común, mediante acuerdos y pactos, y desaparece cuando por la razón que sea, se dispersan o se separa.


Esto quiere decir que el poder es un fin en sí mismo y que se manifiesta como protección y promoción de la libertad del hombre, al activar la voluntad de los ciudadanos, al permitir que desarrollen su espíritu colectivo y se asocien entre sí.

El poder del ciudadano es el elemento que dinamiza las instituciones y garantiza la vitalidad de los cuerpos intermedios. Aunque lo mejor que podríamos decir aquí acerca de la noción que estamos presentando de “el poder del ciudadano” es que su mayor virtud consiste en que impide el despotismo.
 

El segundo elemento constitutivo del liderazgo de una cultura democrática esta representado por “La autonomía”, esto es, esa especial condición del individuo de ser capaz de responder con criterios propios ante las situaciones de su vida. “Ser capaz” significa poder actuar libremente sin coacción alguna.
 

 

La democracia recurre a ciudadanos autónomos que asumen por sí mismos todas las decisiones de su vida privada o pública, habida cuenta que es a partir de esa capacidad de autodeterminación y de autogobierno de sí, como realmente mejor puede la persona contribuir a una vida en comuna.

El tercer elemento lo constituye “El diálogo y la comunicación”. En estos tiempos en que la razón ya no es más “monológica” sino una realidad “dialógica”, lo único racional en este mundo sería el encuentro pacífico y constructivo de lo diverso.

Es decir, que lo racional sería aquello que es el resultado de la puesta en común de los distintos puntos de vista asumidos por los integrantes de una comunidad política. Desde luego la condición de posibilidad del diálogo es la pluralidad.
 



De manera que el diálogo, por cuenta de la palabra, es el único medio lícito que disponemos para poder transmitir y persuadir a los otros de todo aquello que juzgamos acerca del mundo, y que, por ende, también lo consideramos universalizable, esto es, válido para todos los demás.


 

Sin duda alguna, la vida política y convivencial de la democracia es el reino de la palabra; en cambio la violencia es muda por definición



 

El cuarto elemento lo constituye el “amor por el mundo”. Es importante señalar que por el mundo entendemos aquí lo que aparece en público con nuestras acciones, y todo aquello de lo que podemos dejar testimonio al actuar en el escenario de la vida pública, en la arena política. Visto así amor por el mundo supone, pues, asumir un cuidado especial por él. Nos referimos a la responsabilidad de ocuparse del mundo hoy, según él ha sido, y de preocuparse por él, según su mañana.


 

El quinto elemento lo configura el “interés común”. Este supone de parte de nosotros la actitud de una especial sensibilidad hacia la solución de aquellos problemas que nos competen a todos porque expresan injusticias condenables desde la óptica de una ética humanista. El interés común exige de nosotros mostrar devoción por el bienestar de la sociedad, dando señales de estar ejerciendo con ello una ciudadanía responsable y de estar promoviendo la estabilidad y la cohesión social.


 

El interés común nos habla de los problemas de los menos aventajados y de todas aquellas personas que siempre resultan perjudicadas por las gestiones mezquinas y autoreferenciales de la economía, tanto la pública como la privada. Nos habla de la inseguridad en las calles, de la degradación ecológica, de la minusvalía de la vejez, etc., con el fin de sensibilizar al conjunto de la población acerca de la necesidad de polarizar las acciones e intereses individuales, poniéndolos en función de una mayor movilización hacia la solución de estos problemas que representan el interés común, porque su solución se corresponde con un mayor grado de bienestar para la comunidad en general y porque al final de cuentas esto representa una mayor felicidad social y colectiva para todos.
 


 



Democracia Participativa.

Si la democracia se entiende como el sistema de gobierno donde el poder público se ejerce por la voluntad de los ciudadanos y para todos los ciudadanos o bien, si se le define como el mejor sistema de vida a través del cual los ciudadanos pueden contrastar ideas y resolver sus conflictos sin violencia, proteger sus libertades y hacer valer sus derechos en igualdad de condiciones y oportunidades, ¿no es la participación la forma en la que los ciudadanos pueden expresar concretamente su voluntad o reivindicar la voluntad general, interactuar con otros para exigir y lograr que estas voluntades se conviertan en derechos y hacerlos respetar del poder de los otros?

 


 

La participación es un elemento inherente a la democracia, ¿por qué haría falta entonces enfatizar en este elemento? ¿Quizá porque se trata de una causa y no de un recurso retórico para recordar sobre lo que es esencial? Es decir, se trata de un proyecto de participación en un contesto democrático. ¿Pero, de qué tipo de participación estamos hablando? Pareciera que no se trata de cualquier tipo de participación, sino de una que profundice o haga avanzar los valores y la práctica democrática. Y, particularmente en Venezuela y America Latina, pareciera que es una participación no subordinada al Estado, ni parcial a los intereses económicos e ideológicos de grupos o movimientos específicos. Este tipo de participación requiere de una sociedad civil y de una institucionalidad democrática más vigorosa.




 

La participación.

La participación es un acto de la vida social, de naturaleza política y de carácter público. Se hace o se propicia para el encuentro e interacción entre sujetos con el fin de debatir e influir en cursos del destino comunitario y social. Tiene sentido en la vida pública, porque es allí donde estos cursos se legitiman para el interés general y tienen repercusiones en el acatamiento colectivo. No es posible llamar participacion algo que solo una persona o un grupo conoce. Es un acto sociable y de involucramiento en la vida social, orientado hacía propósitos y objetivos de referencia colectiva.




 

La sociedad civil como campo de participación.
La sociedad civil puede ser definida como el campo de la participacion ciudadana que adopta como lema o causa las virtudes y los significados esenciales de la democracia. La sociedad civil no se refiere estrictamente a un grupo de organizaciones, sino más bien a una conducta o acción de carácter asociativo, que se proyecta de múltiples formas hacia el interés general o público, visto desde la perspectiva de lo que concierne a la soberanía, las libertades, los derechos y la vida de los ciudadanos.
 

El interés de esta participacion no es, por ejemplo, defender o promover la particularidad de los intereses que mueven a los ciudadanos de manera individual u organizada, sean éstos sociales, religiosos, culturales, económicos o políticos, sino el que se reconozca, respete y garantice la libertad y el derecho de todos los ciudadanos a su promoción y defensa.
Es una participación que se hace a través de vínculos con el Estado, por su condición de garante del interés general y sus métodos se ubican en el ámbito de la influencia o la incidencia política y no en el ejercicio del poder. Por eso se le considera una participacion donde predominan elementos comunicativos.


 


Los debates suscitados en el evento, contaron con el estímulo de un selecto grupo de ponentes como Jorge Tricás, Yolanda D'Elia, Miguel González Marregot y Andrés Coba.


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William Requejo Orobio

 


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